La industria de la bicicleta sigue ajustándose tras el boom del COVID-19: exceso de stock, cierres, insolvencias y marcas históricas en plena transformación.
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Creo que el artículo acierta bastante al hablar de la «resaca» del boom, aunque yo distinguiría entre una crisis del sector y una crisis del ciclismo como tal, porque no son lo mismo.
Durante la pandemia aumentó muchísimo la demanda y la industria reaccionó aumentando producción y capacidad. El problema vino después, cuando la demanda volvió a niveles más normales y se encontraron con mucho más producto del que el mercado podía absorber.
Y creo que hay otra cuestión detrás de todo esto: durante años el sector ha funcionado con ciclos de renovación cada vez más rápidos. Nuevas geometrías, estándares, transmisiones, integración... Mientras el mercado crecía, funcionaba. Pero cuando el consumidor empieza a preguntarse si realmente necesita cambiar una bicicleta que ya tiene, la cosa cambia.
Una bicicleta de cinco o seis años puede seguir siendo perfectamente válida para la mayoría de los aficionados. Que la nueva sea mejor en determinados aspectos no significa que la anterior haya dejado de servir. Fijaos en lo que está pasando ahora mismo con las ruedas de 32".
Quizá una consecuencia de esta crisis sea precisamente que el consumidor se vuelva menos propenso a renovar por sistema y valore más la durabilidad. Y tampoco creo que eso sea necesariamente malo para el ciclismo.
Al final puede haber problemas importantes en fabricantes, distribuidores o tiendas mientras sigue habiendo mucha gente montando en bicicleta y disfrutando de una bici que compró hace años.